La Subida de las almas vivas, ensayo de conciliación entre fe y razón

Retour
Lanza del Vasto (1901-1981), La subida de las almas vivas, Buenos Aires, éd. Kier, 1982

Lanza del Vasto (1901-1981), La subida de las almas vivas, Buenos Aires, éd. Kier, 1982

2016 Articles

Daniel Vigne, « La Subida de las almas vivas, ensayo de conciliación entre fe y razón », trad. par Felix Saltor, 2016. [pdf]

La Subida de las almas vivas, ensayo de conciliación entre fe y razón

(Notas del traductor : 1. En el « Convengo Lanza del Vasto 2010″ de Roma diez profesores comentaron otras tantas obras de Lanza. Traduzco del italiano la intervención de D. Vigne, del libro de Actas ahora aparecido : Bongiovanni & Trianni (eds) : Lanza del Vasto. Filosofo, teologo, e nonviolento cristiano. Uno sguardo critico sull’opera omnia. Ariccia : Aracne 2015.

2. Daniel Vigne es profesor en la Facultad de Teología del Institut Catholique de Toulouse. Es doctor en teología por Roma y en filosofía por París. Su tesis en La Sorbona se ha publicado en el libro en 2 tomos La Relation infinie. La philosophie de Lanza del Vasto. Vol I Les arts et les sciences. Vol II L’être et l’esprit (Paris : Cerf 2008-2010). D. Vigne vivió en el Arca de La Borie Noble, junto a Lanza, del 1972 al 1975. Preside la Association des Amis de Lanza del Vasto.

3. Las citas del libro de Lanza, en italiano en el original, las traduzco directamente del libro en francés. Las referencias al número de página del texto francés las substituyo por el número de página de la edición sudamericana en español. Mis añadidos van [entre corchetes].)

Entre las obras de Lanza, La Montée des âmes vivantes (Paris : Denoël 1968) [La Subida de las almas vivas. Buenos Aires : Kier 1982] ocupa un lugar especial, en la encrucijada de la Biblia y de la ciencia, de la Revelación y de la razón, de la fe y de la filosofía. Cuando en 1960 aborda este Comentario del Génesis (subtítulo del libro), el autor quiere concretar un proyecto antiguo, de reflexión sobre la estructura espiritual del mundo. De hecho, cuando era estudiante en Pisa en los años 1925, ya le preocupaban las mismas preguntas : ¿Qué es la materia ? ¿Qué es la vida ? ¿Cuál es el lugar del hombre en el universo ?

Pero hay una gran diferencia entre el sistema filosófico que edificó en aquel tiempo y el comentario que aparecerá en 1968 bajo el título La Subida de las almas vivas. De hecho en su tesis de filosofía del 1928 se aprecia claramente que las referencias bíblicas son poquísimas (tres o cuatro en total). El sistema se aguanta por sí solo, y el texto sagrado no hace más que ilustrarlo marginalmente. Aquí, en cambio, la Biblia se toma como texto de referencia, y el pensamiento de Lanza no hace más que intentar entenderlo en la profundidad y fecundidad que le son propias. Aquel joven filósofo se ha vuelto ahora un hombre del Espíritu, un sabio. La pregunta que por lo tanto nos puede guiar hoy, y que propongo como eje de relectura de este libro, es : ¿cuál es la relación entre el aspecto racional, o mejor intelectual, de su pensamiento, y este aspecto espiritual y bíblico ? Es decir, ¿habría pasado Lanza del Vasto del concepto a la creencia, del raciocinio a la pura adhesión de fe ? En otras palabras, habría que saber si en La Subida de las almas vivas el autor se vuelve teólogo o continúa en cambio filósofo, si da prioridad a la fe sobre la razón o si más bien encuentra en la Biblia un pretexto para desarrollar sus propias ideas. Me parece claro que este dilema debe ser superado. Cada página de su comentario revela que el estilo, así como el contenido, no son los de un perfecto exégeta, ni tampoco los de un aficionado. Conoce a fondo el texto sagrado que estudia y lo considera de inspiración divina, pero lo hace con su propia inteligencia, de un modo libre y original.

Ya lo habían hecho Orígenes y Basilio de Cesarea en su época. Lanza del Vasto, en este punto, parece reconectarse a un modo de lectura de la Biblia anterior a la división entre lectura “autorizada”, sea dogmática o científica, y lectura “edificante”, o sea poética o moralizadora. Digamos que esta obra presenta todas estas características juntas y unidas. Quizás por esto los profesionales de la Biblia no han admitido particularmente su existencia. Para otros, en cambio, y paradójicamente para los creyentes, el libro puede parecer un poco difícil. Os propongo recorrerlo con esta clave : La Subida de las almas vivas es, de todos los libros de Lanza del Vasto, el que mejor hace aparecer la unidad profunda (o, si se prefiere, la doble negación, la “no-separabilidad”) entre fe y razón. Intentaremos precisamente verificar que esta clave de lectura es pertinente. Con este propósito es posible identificar siete puntos que conciernen las tesis principales del libro, en los campos de la exégesis, de la cosmología, de la física, de la biología, de la antropología, de la epistemología, y finalmente de la teología (de los cuatro últimos haremos sólo una breve mención). Cada uno de estos ámbitos, de hecho, se presenta como marcado por una tensión, mejor dicho por una contradicción, que Lanza del Vasto asume y supera no con una dialéctica de tipo hegeliana, sino según lo que él llama, en otro lugar, “dialéctica de la conciliación”, o sea de la unión en la distinción y en la complementariedad.

1. El primer campo será el exegético, y la pregunta es clásica : ¿la Biblia dice la verdad, o no ? ¿Describe hechos, o bien cuenta una historia fruto de la imaginación humana ? Lanza del Vasto afirma : “¿Fábula o documento ? He aquí un falso dilema, del cual hay que rechazar igualmente ambos términos como inadecuados a la palabra bíblica” (pág 19). Sobre esta cuestión las primeras páginas del libro dan aclaraciones esenciales. Recordando el dicho de Aristóteles según el cual la poesía es más verdadera que la historia, Lanza añade : “Se puede decir en el mismo sentido que el Mito es más verdadero que el hecho bruto” (p18). El autor del Génesis no nos narra, evidentemente, acontecimientos como si él hubiese estado presente para constatarlos, sino que transcribe estos hechos al lenguaje de la imagen y del símbolo. La exégesis llamada “histórico-crítica” puede pues estudiar profusamente los aspectos lingüísticos, paleográficos, arqueológicos del texto bíblico : no hay que excluirlos, sino integrarlos como camino hacia la verdad de lo que el texto dice. Es cierto que “hay aspectos de la Biblia que nos quedarán siempre ocultos si lo ignoramos todo de la lengua original”, dice Lanza. Pero añade : “Si las ciencias lingüísticas pasan a ser instrumento de desconocimiento, es entonces cuando la letra mata” (p21). Así pues la letra del texto se nos presenta como el cuerpo, necesario pero no suficiente, de un mensaje más profundo. Mas ¿cómo pasar de la exterioridad a la interioridad del texto ? La respuesta es algo inesperada ; Lanza la llama un combate. Porqué la Biblia no es un libro fácil. Escribe el autor :

“Es un libro oscuro y en ciertos aspectos un libro horrible. […] El creyente debe saber afrontar estas terribles oscuridades. […] Así se presenta este combate que se llama comentario” (p22, 24). El relato de la Creación, por ejemplo, cuenta tres “días” antes de la creación del sol, es decir antes de lo que permite distinguir los días. ¿Incoherencia ? O bien, presenta a los animales como creados antes que el hombre, en el capítulo I, y después de él en el capítulo 2. ¿Contradicción ? O bien, describe el cielo, o sea el firmamento, como un espacio entre las aguas más altos y las bajas. ¿Ingenuidad ? “Nosotros los instruidos, sonreímos de la simplicidad de esas poblaciones primitivas”, dice Lanza.

“Pero quizás es nuestra lectura la que es simplista y primaria, […] Preguntémonos qué dicen, en vez de creer que ellos creían que” (p76). Así pues, la exégesis de Lanza del Vasto rechaza separar el cuerpo y el alma de la Escritura. Libro humano, libro divino : no debemos elegir entre esos intricados aspectos – también para entender el modo de su unión, nuestra inteligencia debe afrontar grandes dificultades. Digamos pues, respecto a este aspecto exegético del libro, que la conciliación (o no-separabilidad) entre fe y razón no es en modo alguno un esquema vago, una mezcla conceptual. Al contrario, esta superación unificadora exige una conversión de la inteligencia, la cual, de pura razón, por tanto limitada, se convierte en espíritu.

2. La segunda oposición que La Subida de las almas vivas nos puede ayudar a superar es de tipo cosmológico. ¿Evolución o creación ? Es cierto que Lanza se muestra bastante crítico ante el evolucionismo como teoría autosuficiente, que tendría como objetivo, dice, “vaciar de contenido y burlarse del primer artículo de fe : Creo en un solo Dios […], Creador del Cielo y de la Tierra” (p94). Lanza critica aquí el evolucionismo como ideología materialista, no como teoría científica. La evolución es un hecho – y el título mismo del libro admite este hecho de la “subida”, es decir de la complejidad progresiva de las formas vivientes. Pero el sentido de este hecho no se reduce a lo que llama “la mecánica de las casualidades entrecruzadas” (p94). Excluir toda orientación espiritual, mejor dicho, todo carácter milagroso al hecho de la evolución, sería restringir su comprensión. “¿Cómo ? ¿Negáis la evolución ?” escribe Lanza :

“No, rechazamos solamente hacer de ella esta divinidad indefinible […] que lo haría salir todo de la nada, salida ella misma de no se sabe dónde” (p95). El evolucionismo como ideología rechaza creer en el milagro. El pensador gandhiano responde :

“Oh razonadores del siglo, si rechazáis creer en el milagro, ¡entonces debéis creer en el absurdo ! […] Os condenáis a no comprender nada de la vida […] Porqué toda vida es milagro” (p95). Irónicamente, Lanza del Vasto remarca que el evolucionismo materialista, que ve a los vivientes salir mecánicamente de la materia inanimada, no es más que el retorno a la vieja idea de la generación espontánea (cfr p93). También se burla de lo que llama la “mística evolucionista” como parodia de la esperanza teologal. Ve en ella, con Chesterton, “una verdad cristiana vuelta loca” (p97). Entre fe y razón, en resumen, hay la distinción de planos que condiciona su unión. La teoría de la evolución no puede substituir una comprensión espiritual del mundo. No entra en competencia con la fe en la creación, sino más bien en convergencia con ella. El autor lo subraya solemnemente :

“Después de todo, ¿qué hay en la Escritura y en el Dogma contrario a una visión evolutiva del mundo ? En el bien entendido que es Dios quien fomenta y guía la evolución […]. La evolución es la forma que toma el acto creador en la materia viva. […]. No hay nada a objetar a esta visión, y el relato del Génesis lo ilustra magníficamente” (p120). Aquí, nuevamente, hay que precisar que la conciliación entre las dos visiones no es una simple superposición. Lanza añade aquí una idea original que encuentra en Shri Aurobindo : la idea de evolución como involución, es decir como retorno. El destino final del movimiento “evolutivo-creativo” es idéntico a su Principio originario. “En cada ser, en cada alma”, dice Lanza, “en cada espíritu, hay una semilla de grandeza, una aspiración hacia el todo. Cada migaja de ser debe abrirse un camino de retorno a Dios” (p60). Así pues, los planos superiores a los cuales la evolución permite acceder preexisten ya como horizonte o promesa en las formas inferiores. La subida natural de las almas vivas es la respuesta a una llamada sobrenatural. No competencia, sino convergencia. Los creacionistas fundamentalistas, que leen la Biblia al pie de la letra y rechazan el discurso científico, deberían leer el texto lanziano, pero también los evolucionistas ateos y materialistas, que no ven en el cosmos ningún rastro de transcendencia.

3. El tercer punto de nuestra investigación toca precisamente la materia. Lanza constata que la antigua representación de la materia ha cambiado completamente con los descubrimientos de la física moderna. Se consideraba – desde Descartes – la materia como inerte, y se buscaba fuera de ella la causa de su movimiento. Pero la física nuclear nos ha enseñado que la energía no es una realidad separable de la materia. Energía y materia, pues, resultan ser dos formas de una sola realidad. La inercia no es más que el encuentro entre dos fuerzas que se anulan momentáneamente. La materia misma no es más que el encuentro de energías que pueden ser liberadas, como sabemos, de modo explosivo. Lanza del Vasto lo escribe explícitamente : “La Energía es la substancia de la Materia” (p129) ; “allí donde se encuentran dos o más energías, allí se produce un cuerpo” (p88) ; o todavía : “Esta energía impedida y empaquetada tiene el aspecto de contra-energía. La materia pasa a ser el polo negativo de la energía” (p68). Como toda oposición, sin embargo, la polaridad Materia-Energía se transciende en un tercer término que une los otros dos : la Luz. Meditando sobe el famoso Fiat lux del Génesis, Lanza del Vasto reconoce en él más que un símbolo : la realidad originaria de todo lo que existe, sea en modo material, sea en modo energético. La misma luz, como saben los físicos, puede ser descrita sea de modo corpuscular, sea de modo ondulatorio. Así tierra y cielo, en la física como en la Biblia, no son más que formas diversas de esta única substancia. “Se puede considerar al mundo como una enfermedad de la luz”, decía Einstein citado por Lanza (p70).

Constatemos aquí, quizás algo sorprendidos, hasta qué punto las teorías físicas contemporáneas interesaban a Lanza del Vasto, y ello ya desde joven. Se fijaba en la física cuántica, por ejemplo, en los años 20. Pero en el libro, especialmente en los primeros capítulos, estas nociones científicas entran en diálogo con la sabiduría bíblica – y son pocos, efectivamente, los autores capaces de unirlos de un modo tan hábil y original. Decíamos “conciliación” : se podría decir “reconciliación”, por cuanto el libro une sabiduría antigua y sensibilidad moderna, espiritualidad y racionalidad.

4. Quedan cuatro campos en qué verificar la idea-clave de esta lectura interpretativa. Pueden ser evocados brevemente. En el plano biológico, o sea del conocimiento de la vida, la reflexión de Lanza del Vasto es muy rica : sobre la especificidad del viviente, sobre la articulación de las leyes con el caso particular, sobre la necesidad y sobre la libertad. Ni íntegramente determinado, ni indeterminado, el ser vivo es complejo – y sabemos que esta complejidad no se reduce a la complicación. La vida no es una cosa, sino más bien una dirección. Es la vida la que inicia un movimiento de involución, es decir de retorno de las cosas creadas hacia su Creador. Por otra parte, dice Lanza del Vasto,

“Es en el grado más bajo de la energía degradada, el calor, en el grado más bajo del calor, la tibieza, es en la materia más baja, la putrefacción, es allí donde [el cuerpo viviente] crece, prospera y se endereza” (p115). Movimiento paradójico, pues, que anuncia el tercer Reino : después de los de la Materia y de la Vida, el del Espíritu, es decir el del Amor, que se manifiesta con el Hombre.

5. Sobre este quinto plano, antropológico, Lanza del Vasto demuestra originalidad y creatividad. Su conocimiento del hombre – y de la mujer – se revela de una delicadeza estructural y de gran profundidad. Es ya el hombre en sí mismo, además, quien se presenta como una criatura excepcional : “un ser intermediario, un ser doble, un tránsito”, dice Lanza. Y lo explica : “Desde los tiempos más remotos […] los hombres se han sentido siempre suspendidos entre tierra y cielo” (p133). Dualidad superada que hace del hombre, al mismo tiempo, un ser corporal y espiritual.

Un viviente (zoon en griego) creado el mismo día que los animales, pero diferente de ellos puesto que imagen de Dios. Así ambos aspectos, continuidad y discontinuidad, naturalidad y sobrenaturalidad, están en él unidos, siendo el hombre el nodo del universo, microcosmos y microtheos. Un ser estelar, que irradia en todas direcciones, que a Lanza le gusta simbolizar con el llamado “Sello de Salomón”, ¡un esquema de complejidad fascinadora que por sí solo requeriría un día entero de estudio !

../../../../../Volumes/STORE%20N%20GO/SUBIDA%20ALMAS%20V/fss_s

Como vemos, en el hombre, inteligencia y espíritu, animalidad y religiosidad, se trenzan sin confusión. Nuevamente se verifica que la dimensión racional no debilita, sino que completa y confirma la dimensión espiritual.

6. No queda espacio, en el marco de una breve reflexión, para demostrar cómo, en el plano teológico, el autor combina en este libro dos herencias : la cristiana, centrada en el misterio de la Trinidad, y la de las otras religiones, o más bien del pensamiento humano en general, donde encuentra por doquier la misma “ternari edad” diversamente expresada.

“En la Simbólica de todos los tiempos y de todos los países se encontrarán alusiones a estos Tres que son Uno” (p48). Ésta es una intuición decisiva y central que hace de pivote de toda su filosofía. A este respecto remitimos al segundo volumen del ensayo que hemos dedicado a su filosofía [es el libro mencionado en la Nota 2], que revela muchos aspectos de esta ternariedad, sea en el plano de la conciliación de las religiones, sea en el filosófico, especialmente en la discusión con Hegel. El lector podrá referirse a estos análisis, pero también al “libro maestro” del propio Lanza del Vasto : La Trinité spirituelle [La Trinidad espiritual], cuyas primeras páginas están precisamente dedicadas a este tema.

7. Pero pasemos al séptimo punto anunciado, ciertamente el más importante del libro. Concierne al plano epistemológico, es decir la cuestión del conocimiento, que ocupa los ocho capítulos finales. Respecto al principio, el pensador italiano permanece fiel a su convicción : la inteligencia humana está hecha para la verdad, como el ojo para la luz, y en la contemplación de la verdad razón y fe convergen, o más bien se refuerzan mutuamente. Pero hay que constatar que esta complementariedad, en la historia humana, ha sido negada continuamente por la inteligencia misma, que rechaza abrirse a su dimensión espiritual. Éste, para Lanza del Vasto, es precisamente el pecado “original”, es decir, constante y actual.

Cerrazón del espíritu sobre sí mismo y sus propios intereses, excluyendo la gratuidad que es uno de los nombres de la gracia. Rechazo a confiar en una Palabra externa y paternal, la de Dios, percibida ya como autoritaria y arbitraria. El pecado original – y actual – es la caída del conocimiento fuera de su ambiente nativo, que es la contemplación amorosa de lo Verdadero. Esta distorsión de la inteligencia la restringe a sus aspectos calculadores, especulativos, manipuladores, y finalmente destructores. Pero el remedio no está ausente de este análisis bastante pesimista. El espíritu humano, caído en las espinas de sus extravíos, puede reencontrar el camino de lo Verdadero. Puede iniciar su involución, o mejor dicho su conversión. Expulsados del Paraíso, conservamos su recuerdo y su gusto. Sabemos bien, en el fondo, que nuestro pseudo-saber del bien y del mal, aquél que arrancamos del árbol del Edén, es un fruto de muerte. En todo su comentario, Lanza del Vasto no hace más que despertar en el lector el deseo de retornar a las fuentes de un conocimiento verdadero, auténtico, liberado. Las últimas líneas del libro trazan el camino de este “gran Retorno”, que no es sólo epistemológico, o sea asunto del conocimiento, sino ético y existencial. Leemos : “Si el Pecado Original es el apetito del goce, del lucro y de la dominación, el retorno es la vía de la Humildad, del Don, del Sacrificio. En estas tres palabras toda la Ley y los Profetas. No sólo los de nuestro redil, sino los de todos los otros rediles. En estas tres palabras, el Evangelio […], la lección de los mártires y la enseñanza de los sabios. […] ¡En estas tres palabras, la reelevación de las Almas Vivas al reencuentro con el Espíritu Vivificante !” (p. 260-261). Humildad, don, sacrificio : la meditación de Lanza del Vasto sobre los orígenes del mundo, en La Subida de las almas vivas, se revela aquí en su verdadera profundidad. El propósito de este libro no es, de hecho, enseñar cosas sobre nuestro pasado, sino abrirnos un nuevo camino hacia el futuro. Humildad, don, sacrificio : todo un programa de porvenir y salvación para la humanidad.

____

À lire aussi

To top